martes, 9 de marzo de 2010

CARTA DE AMOR DE UN JORNALERO QUE VA A CAVAR

A la atención de los nÚmero-sísí-MOS alcaldes de la Capital
Estimados Mos le voy hablar del... fin

No me doy cuenta
Y aún así esto se acaba.
Tampoco me doy cuenta
pero ahora mismo
estas palabras se hacen cuesta arriba
así que escribo con fatiga:
No todas las historias, o los cuentos ni todos los capítulos tienen por que acabar muriendo con las botas puestas como Tampoco se trata de apilar metáforas una encima de la otra.
En estas cosas al final nadie sabe nada. Y aún así las historias se acaban

Me encanta viajar a esos lugares en donde nadie sabe nada. Es una sensación muy extraña, muy parecida a cuando Aitor y Carlos me ataron de pies y manos a una silla giratoria. La máquina más grande y más pesada que me había encontrado hasta ahora. Empezaron a darle vueltas y vueltas, la silla giraba y subía, y subía, comencé a marearme, la cabeza se me iba y no me la podía sujetar de ninguna forma. No iba a permitir que la maldita fuerza centrípeta me la arrancará así que empecé a mover mi cuerpo, y a gritar, y los malditos contrapesos hicieron el resto: un golpetazo en un extremo, luego al otro, así hasta que me incliné hacia delante y el plomazo de silla se derrumbó. Lo único que la frenó contra el suelo fue mi cabeza que iba por delante. Me desataron con cara de susto y risa. Yo no me reía pero aguante bien el golpe, solo quería levantarme, andar, recuperar el equilibrio. Y andé pero no mucho. Directa a la cama de mi madre donde me desmaye.

Quien sabe porqué narices me deje convencer para que me ataran de pies y de manos O simplemente que fácil era convencerme. Los giros y el desmayo me encantaron, el golpe fue tan frío, y el dolor de cabeza no me lo quitó nadie. Esa historia se acabó. No dejé que me volvieran a convencer.
Ahora utilizo esta sensación para exorcizar mis demonios, para soltar una historia o un capítulo. Para entender que las cosas se acaban, por mucho que nadie sepa nada.

Con cabezazos, con giros intento cual cabra decirte algo, pero sigue costándome horrores
y ahora si me doy cuenta. No sabía que el papel que me tocaba era guardar secretos de los secretos. Hay que ser imbécil. El papel de la estupidez lo juego bien, me da por leer. Y leí a Hannah Arendt : callarlo todo sin tener ningún secreto. Para ti yo debía callar.

Ahora toca desmayarse. Y decirte que te echaré de menos.TE QUIERO.
Pero que sepas que esto también se acaba.


Post Data : Y las obras del parque
Firmado:El jornalero se va a cavar


1 comentario:

  1. Jo, poco se puede decir cuando se habla desde tan adentro. Quizás que, si puedes, pongas un cojin antes de volver a darte de cabeza contra el suelo.
    En todo caso, quizás los amigos sean ese pequeñito cojín.

    Besos.

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